En la barbería con… Fernando Aguado

Tras un intenso mes de Abril, celebrando la Semana Santa y la Feria como se merecen, volvemos con una de nuestras secciones favoritas de la mano de uno de las grandes figuras en el panorama artístico sevillano: Fernando Aguado. Desde aquí reiterar nuestro agradecimiento por buscarnos un hueco para atendernos en su taller y charlar de algo tan interesante como la restauración y su forma de entenderla. Esperamos que os guste.

¿Por qué decidiste ser restaurador?

Bueno, primero porque lo veía como una salida profesional interesante. A parte de las ganas de desarrollar tu faceta creativa como escultor, como pintor… es que me gusta mucho la restauración. La veía muchas veces conflictiva. Ya sabéis que siempre hay gente que te gusta, que no te gusta cómo lo hace o los resultados finales quizás por los criterios que se siguen… pero lo que me apasionaba verdaderamente de la restauración era la capacidad de devolver una imagen o una obra a su estado, no inicial, pero sí de conservación apto y adecuado. Todo ello además dependiendo de la finalidad que tenga la obra.

¿Cuál ha sido tu mejor experiencia profesional hasta el momento?

Para mí han existido dos restauraciones que han sido transcendentales, a nivel devocional y de proyección profesional en Sevilla: La restauración del Cautivo de Santa Genoveva y la Pastora de Capuchinos que estuvieron juntos aquí en el taller. Dos imágenes fuertes y potentes devocionales de Sevilla. Una de cofradía de Semana Santa y otra de Gloria. Además siendo yo devoto de la Pastora y teniendo mucha relación con ella, y siendo yo hermano y costalero del Cautivo. La verdad que eso fue muy transcendental para mí. Igual que lo fue profesionalmente la restauración del misterio de la Sentencia de la Hermandad de la Macarena. Sin desmerecer por supuesto todas las obras que han pasado por el estudio: La Virgen de la Caridad de Cantillana, la Virgen del Rosario de Aznalcóllar… cualquier pieza que se haya tratado aquí todas tienen el mismo respeto. Sentimentalmente y transcendentalmente sí que hay algunas que destacan quizás un poco más.

¿Cómo ves el mundillo de la conservación-restauración en estos momentos?

La verdad es que en esta ciudad tenemos profesionales buenísimos. Pedro Manzano es un pedazo de restaurador, Carrasquilla… o fijaos en el trabajo de mi amigo y compadre Antonio Díaz Arnido y Manuel A. Ruiz Berdejo y en cómo han restaurado la Virgen del Carmen del Santo Ángel. Es decir que gente profesional hay mucha y muy buena.

Pero por otro lado no estoy de acuerdo con muchas de las intervenciones que se hacen en el IAPH. No estoy de acuerdo porque no creo que sean las adecuadas para la imaginería procesional. No quiere decir que estén mal ejecutadas ni mucho menos, porque en pintura sí que son fantásticos. Pero con algunas de las intervenciones en imaginería procesional sí que no estoy de acuerdo y esa es mi libre opinión porque el criterio elegido no es el que, según mi opinión, debería aplicarse.

Tampoco tengo los medios económicos con los que cuentan otras instituciones. Pero no todo en restauración son esos medios, sino básicamente el criterio que tú elijas para la intervención, y ahí no solo cuenta los medios con los que cuentes. Y creo que incluso en el resultado final tiene poco que ver todo ese respaldo que puede existir detrás y que pueden haber servido para estudios, analíticas… Por ejemplo pienso que a una hermandad le da igual una estratigrafía si después la imagen no ha quedado como tiene que quedar más allá de estudios históricos, científicos… A las hermandades y al cliente lo que le interesa es que la obra quede bien gracias a la restauración. Si el resultado final le es extraño el cliente quedará descontento. Además yo es que soy un gran defensor de las técnicas tradicionales y de la elección acertada del criterio.

A la nueva generación de conservación-restauración, ¿qué consejo le das?

Las cosas no son fáciles, pero siempre hay que intentar hacerlo todo de la mejor forma posible. Para mí, básicamente, restauración es igual a criterio. El que cada uno tenga lo tiene que defender. Los disolventes están ahí. Los bisturís están. Las obras están ahí. Ahora es la capacidad que cada uno tenga de desarrollo y de habilidad en su profesión. Tú puedes ser muy bueno reintegrando, pero si la limpieza no es idónea, por muy bien que reintegres, en la limpieza has fallado. En el término medio está la virtud. Yo intento ser cada día más completo y multidisciplinar, y sobre todo, defender mi manera de pensar en mi trabajo. A lo mejor hay gente que no está de acuerdo, pero el tiempo al final habla sobre qué obras han sido bien o mal intervenidas. Todo es muy relativo en cuanto a normas, recomendaciones… y cada obra también es diferente.

Dar consejos es algo muy complicado. La restauración es algo tan evidente… en el sentido de que tú ya sabes qué disolventes están ahí, de qué herramientas mecánicas dispones… pero si tienes que atajar una problemática en escultura y no tienes ni idea de escultura lo vas a tener difícil. Si no conoces los procedimientos para un reentelado, un resanado de una pintura o un craquelado… estás perdido. Si lo sabes puedes empezar a utilizar el resto de herramientas.

Estoy un poco cansado de la crítica de los restauradores que somos escultores. Utilizo las técnicas de restauración y, además, pongo al servicio de este conocimiento todo lo que he aprendido y aprendo cada día como escultor. Porque yo estoy trabajando en una escultura, y como conozco su construcción y los problemas que puede dar, si se da el caso de que tenga que reponer un dedo lo haré con más habilidad que alguien que no tenga ni idea de escultura.

También estoy un poco en contra de que siempre tenga que usarse la técnica del restauro. Que siempre tengamos que trabajar con acuarelas. No me vale de nada restaurar una mano y reintegrarla con el restauro si al día siguiente, habiendo besamanos, la mano se me pone negra. ¿A mí eso de qué me vale?¿Y al cliente?¿Y a la imagen? Considero que las teorías de las cartas del restauro hay que utilizarlas donde hay que utilizarlas. Pero hay ciertos productos que, por mucha reversibilidad que presenten, a lo mejor no son válidas. Yo no siempre reintegro con restauro. Yo he restaurado imágenes con repintes de hace treinta años y el repinte está perfecto, estable, porque se han empleado materiales adecuados. Tampoco tengo porqué quitar ese repinte. Parece que vamos un poco donde nos dicen, pero hay que plantearse el porqué de las cosas. En el taller he tenido imágenes con restauros oxidados porque, al ser pigmentos al barniz, si el barniz se oxida me varía la tonalidad. Yo soy enemigo acérrimo a barnizar por barnizar. En definitiva cada obra pide su restauración y pide su criterio. Volvemos al mismo origen y a la misma palabra: criterio.

Muchas gracias de nuevo por su atención y por su amabilidad.

Los barberos

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Méliès dice:

    Me ha gustado mucho este post

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    1. CR EcceHomo dice:

      Muchas gracias Méliès. A nosotros nos encantó charlar con Fernando y que compartiera con nosotros su experiencia

      Me gusta

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