Los amigos de lo ajeno

Javi F. Blázquez

Tenía dudas en escribir sobre los hurtos en iglesias o parroquias, pero dado los últimos acontecimientos, me he visto en la obligación de escribir algo… algo que ojala ayude en lo posible -en la medida en la que cada unas de estas instituciones religiosas puedan permitirse- a evitar estos sucesos tan desagradables.

Desde el comienzo del año 2016 se han registrado varios robos en iglesias. Esta acción es cada vez más frecuente en los lugares de culto, en concreto se ha hecho más común desde septiembre de 2015, al menos en España. Muchos de estos casos han ocurrido en la capital andaluza. Se han documentado ocho sucesos de este tipo durante estos últimos cinco meses en diferentes localidades. No voy a entretenerme en nombrar todas las ubicaciones exactas, quiero ir más allá, a lo que verdaderamente nos importa… a la protección de los bienes patrimoniales que contienen estos lugares.

En estos meses han desaparecido tanto piezas de poco o ningún valor artístico e histórico -como jarras o bandejas- como obras de incalculable valor -como la talla de un niño Jesús del siglo XVIII-. Estas instituciones religiosas custodian, generalmente, un rico e importante patrimonio artístico, histórico y cultural. Hay que dejar constancia ante todo que un lugar de culto no es un museo y que tiene una finalidad religiosa, pero debemos ser conscientes que también alberga objetos de gran valor y que, al igual que en un museo, se deben proteger de una forma u otra.

    Esta protección siempre dependerá de los recursos disponibles de esos espacios de culto. Pero algo que no cuesta nada en la seguridad de estos lugares es la colaboración social. Unas de las medidas que toda institución religiosa debería tener en consideración es la asignación a una persona, o un grupo de personas, para asegurar que todo está debidamente cerrado antes de cerrar la iglesia, parroquia, ermita, etc. Los amigos de lo ajeno tienden a aprovechar vanos y ventanas para entrar y desvalijar estos espacios, es por ello que asegurar que todo esté correctamente cerrado hará que se lo piensen. Para más persistencia, hay que garantizar que nadie quede dentro de estos lugares para lograr su propósito, como sucedió en uno de estos últimos ocho casos. Aunque suene un poco absurdo, se podría contratar a un personal de seguridad para que vigile por la noche, e incluso por el día, aunque esto podría llegar a descontextualizar el lugar y causar algunas reacciones contraproducente en los fieles.

     La ayuda humana puede ser muy importante y útil, pero se puede dar un paso más y servirnos de la tecnología. El uso de cámaras de vigilancias en lugares poco visibles para los fieles, pero adecuados para su fin, es aconsejable en iglesias que contienen un gran patrimonio cultural. De hecho, gracias a estos dispositivos de seguridad, se ha podido capturar al protagonista de uno de estos casos.

    Como último consejo, el tener todos los objetos de valor perfectamente catalogados ayudará de alguna forma a saber qué es lo que se ha perdido/robado. Conocer ayuda a proteger y proteger ayuda a conservar.

Podría proponer muchísimas medidas, pero he creído éstas las más convenientes para estos espacios religiosos y también las más asequibles, ya que no todas disponen de recursos suficientes.

Javi

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