La música que nace del serrín

Pablo Travasos

Hoy voy a hacer una entrada un poquito especial. Pero es que no puedo evitarlo. Porque creo que hace falta. Porque me parece que realizan una labor primordial que todos disfrutamos, pero que apenas valoramos. Y porque me llama siempre la atención cuando paso por la C/Baños ese divertido local de Música y Cuerda.  Hoy hablo de los luthiers.

Quizás a algunos no les guste, pero creo que se necesitan profesionales que tengan un conocimiento exhaustivo del proceso constructivo y artesanal que requieren algunas obras. Más allá de los batablanca, existen profesionales tan o más capacitados para afrontar la restauración de cierto tipo de piezas que son tan indispensables para el mundo como una pintura o una escultura. Si bien es cierto que un violín fabricado -ya sea en serie o artesanalmente- puede no ser en un principio lo suficientemente representativo en sí mismo como para considerarlo un elemento a conservar -también debido al gran número de ellos que existen a diferencia de un Velázquez o un Richter-, la música que se desprende de él sí que lo es. Dejando a un lado las nuevas tecnologías de reproducción, la realidad es que esta música únicamente puede ser conservada a través del cuidado y fabricación de estos instrumentos pues solo ellos pueden ejecutar a la perfección el lenguaje transmitido por la tinta que recogen las partituras.

Es en este punto donde entra la labor del luthier. Invisible como el restaurador de un museo pero tan necesario como él. Durero se fabricaba sus propios pinceles, Cennini nos dejó un amplio repertorio artesanal para hacernos con nuestro propio utillaje. Pero, ¿alguien se plantea la dificultad que supone afrontar la construcción de un contrabajo de un modo artesanal?¿Sus exigencias acústicas para su correcto funcionamiento en manos del artista? Honestamente, creo que pocas personas en España puedan hacerlo por mucha carrera universitaria que haya cursado. Porque hay más mundo allá del supuestamente intelectual o erudito. Seré un romántico, pero creo que el oficio de luthier está en un estado de salud tan delicado como el de otros muchos que recorren las esquinas de esta maravillosa ciudad que, gracias al Dios en el que creáis, sigue demandando sus labores.

Desde este rinconcito y con este breve texto, únicamente quiero rendir mi pequeño homenaje a su trabajo. Porque como a los biólogos, los químicos, los historiadores… los considero colegas de profesión por aportar su granito de arena para preservar y disfrutar el legado artístico y cultural que tenemos. Muchas gracias.

Pablo

Os dejo el video de Kreativa Stories del taller de Robert L. Baille

P.D. Como los batablanca también nos dedicamos a restaurar instrumentos musicales por sus valores históricos, artísticos y culturales, también os dejo el enlace al TFG de Irene Lagartos Granados por la UPV

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